Desperté aquella mañana tan lejana al día de hoy y no lograba hacer que mi corazón latiera; no había forma de que sintiera algo por alguien. Pase horas y horas viendo fotos, recordando personas y momentos, pero no habia caso.
Esa misma noche salí a las calles y comprobé que podía saborear la carne de hombres y mujeres, morderla, disfrutarla y luego irme como si nada hubiese pasado; sin importarme que pudieran sentir dolor, ni como quedarían después de que yo cumpliera con lo que quería hacerles. Sentía placer y un incomprendido calor recorría mi cuerpo de punta a punta, mi piel no se erizaba y yo no entendía lo que pasaba, el cuerpo actuaba por si mismo, no medía las consecuencias, y muy en el fondo yo sabia que lo que estaba haciendo estaba mal.
Poco a poco fui disfrutando del acto de lastimar personas, hasta que un día, en acto de defensa alguien me tocó el corazón, y éste volvió a la normalidad.
Hoy puedo contar que yo fui zombie, y pido perdón a aquellas personas que lastime, ya que hoy estoy pagando el alto precio de que los zombies se aprovechen de mi condición y abusen de mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario