Estaba amaneciendo, el sol empezaba a brillar y con sus rayos iba iluminando el lugar, transparentando la cortina. Los dos acostados, uno en cada sillón, y el silencio me carcomía lentamente el pensamiento.
Tenía dos preguntas, la primera era ¿Por qué me decís lesbiana todo el tiempo? y la segunda era ¿Me aceptas como soy? Pero no me animaba, no podía hablarte, no, no podía arruinar la tranquilidad que tenía el ambiente.
Y de repente, de la nada salieron unas cuantas palabras de mi boca.
-Maxi..
-¿Si?
Hubo una pausa -¿Vos me amas?
-Siii.
-¿Por qué ya no me lo decís como antes?
Justo se escuchaban las voces de los chicos gritando.
-¿Qué?
-¿Qué?
-¿Vos qué?
-Nada, nada.
Y simplemente sonreí
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